Casi siempre es el disco
La gran mayoría de los ordenadores “viejos y lentos” que nos llegan tienen un disco duro mecánico: un plato girando que fue el estándar durante décadas y que hoy es el cuello de botella de todo. El procesador no está saturado; está esperando al disco.
Cambiarlo por un SSD es la mejora que más se nota de todas, y la transformación desconcierta: máquinas que tardaban minutos en llegar al escritorio arrancan en segundos.
Y lo importante para ti: normalmente no hay que reinstalar nada. Se clona el disco al SSD y todo sigue donde estaba, con tus programas, tus accesos y tus archivos.
Ruido y calor
Si el portátil quema y el ventilador no calla, el problema es la ventilación: años de polvo tapando las rejillas y la pasta térmica seca. Cuando pasa eso, el propio ordenador se frena a propósito para no dañarse, así que va lento porque está caliente.
Se abre, se limpia el circuito de refrigeración y se cambia la pasta. Vuelve a estar fresco y silencioso.
Publicidad y páginas raras
El navegador lleno de anuncios, la página de inicio cambiada y avisos de que tienes virus son casi siempre programas basura que entraron acompañando a una descarga gratuita. Se limpia el equipo y te explicamos por dónde entró, que es lo que evita que vuelva la semana que viene.